ANTERIOR

Victoriano Vicario
(1911 - 1966)


Segundo Silencio

Junto a tu amor la luna estaba apenas enloquecida de amorosas aguas. Sobre la noche sin clamor las rosas bajo tu corazón se desvelaban. Dueño de tu silencio un eco puro encima de tus labios despertaba. Y una amapola ardiendo te ceñía los muslos de palomas espantadas. Largos espacios musicales eran tus bellos dedos amorosos. Blancas soledades de nieve consumían el herido silencio de las sábanas. Todo en ti comenzaba preguntándose, dónde el amor comienza y dónde acaba. Dónde el lirio crepita, dónde el beso, dónde la voz llorosa de las arpas. Tenías el glorioso mirto blanco, el fiel caballo de la espuma. Estaba en tus cabellos toda la ternura de un sol de otoño que no galopaba. Y había más ternura cuando un soplo de soledad huida te quemaba. Más silencio de sombras y heliotropos. Más ilusión perdida y encontrada. Sobre la noche todo era un tesoro de doliente zampoñas y guitarras. Y era tu corazón como una ola que sin morir moría esperanzada. (De "Fábula de Prometeo")