Andrés Pérez A.

Su vida

Un niño enfermizo
Andrés Pérez Araya nació en Punta Arenas en 1951 y es el quinto hermano de siete en una familia católica y de escasos recursos. Su padre, Antonio Pérez, trabajaba en un astillero de la Armada y su madre era dueña de casa.


Su infancia fue una época feliz, pero solitaria. Era un niño muy enfermizo porque nació con problemas a la vesícula y por eso pasó bastante tiempo en una cama instalada en la cocina familiar. Allí, su padre le enseñó a leer a los tres años, también a escribir y le contaba cuentos. De allí surgiría su amor por la lectura y la escritura. Creaba cuentos y poesías sobre marinos, naufragios, fantasmas y muertos.

Sus primeros encuentros con la actuación fueron en la Parroquia Don Bosco de Punta Arenas, donde vio representaciones de episodios religiosos y obras españolas los domingos por las tardes.



A los 10 años su familia dejó Punta Arenas para vivir en Tocopilla. Su única hermana mujer se casó con un tocopillano y su padre, Antonio Pérez partió detrás de ella. En el norte, Andrés mejoró de salud y tras terminar su educación primaria decidió seguir los caminos de la santidad.

Quería servir al prójimo, ayudar a la gente, "ser un santo". Para él la Iglesia Católica era muy atractiva. En la parroquia se organizaban misiones, se hacía teatro, se pasaba cine e iba a las poblaciones, y para dar curso a esta inquietud religiosa entró a la congregación de la Sagrada Familia en La Serena.

Luego fue trasladado a Santiago, pero allí empezó a tener problemas de disciplina con las jerarquías del Seminario Franciscano. "Con tantas reglas era difícil ser santo", comentó Andrés, por lo que después de tres años regresó con su familia y entró al Liceo, estudió contabilidad y empezó a trabajar duro para costear sus estudios. En esa época se enamoró del teatro.


Mientras estuvo en Tocopilla, Andrés escribió dos obras que ganaron premios: Si yo digo lo que ustedes no dicen ¿qué pasa?. La puesta en escena y las presentaciones callejeras de partes de la obra lo deslumbraron. "Allí sentí la magia del teatro callejero" comentó.
El actor, director y coreógrafo

Andrés fue un excelente alumno, era muy aplicado, incluso medio genio, egresó del colegio con un promedio de 6,8 y su prueba de Física fue la mejor de la zona norte, por lo que podría haber elegido cualquier carrera, pero después de estar un mes en Ingeniería Comercial optó por el teatro, disciplina que estudió entre 1971 y 1973 en la Universidad de Chile, en Santiago. También, tomó cursos extras en la Escuela de Danza y se ganó el apodo de "artista" entre sus compañeros ya que en vez de participar en asambleas y marchas políticas, se dedicaba a estudiar.



En 1972 se casó con la única "polola" que había tenido en Tocopilla, la actriz y bailarina Rosa Ramírez -quien interpretó a la Negra Ester en la obra homónima-, y aunque el matrimonio sólo duró hasta 1975, de aquella relación nació -el 11 de septiembre de 1973- su hijo Andrés.

Para mantenerlo, trabajaba en lo que fuera, pero siempre en relación con su área. Se dedicó a la danza en escenarios como el "Bim Bam Bum" y "Sábados Gigantes" y entre 1978 y 1980 fue asistente de Fernando González en el Teatro Itinerante, donde aprendió a hacer dirección de teatro.



Posteriormente, se independizó y comenzó a hacer teatro callejero. Fue uno de los iniciadores de este tipo de arte en Chile. A su vez, fundó el Teatro Urbano Contemporáneo (Teuco) para la investigación y práctica del teatro callejero. En 1982 destacó como protagonista de la obra Lautaro y un año después dirigió Bienaventuranzas.

Durante ese período, también hizo clases de expresión corporal en una academia particular, realizó la coreografía de uno de los estrenos de Tomás Vidiella y preparó el video de su obra Alicia o las maravillas que Alicia vio en el país.


Francia: un aprendizaje
Mientras realizaba una función de teatro callejero en la Plaza de Armas de Santiago en 1983 la agregada cultural de Francia, Claire Duhamel, se interesó en su trabajo y lo invitó a participar por cuatro meses como observador de obras.

Sin embargo, una vez en Francia, la invitación se transformó en beca y más tarde en un contrato como actor con la mundialmente conocida compañía "Théatre du Soleil", dirigida por Arianne Mnouchkine, donde realizó pequeños papeles en las piezas teatrales Enrique IV y Ricardo III. De esta manera, la estadía de Andrés en Francia se prolongó por seis años.

En 1984 viajó junto al Théatre du Soleil en la puesta en escena de la obra La historia terrible, pero inacabada de Norodom Sihanorik, rey de Camboya, obra que dura ocho horas. En ella encarnó el papel del líder chino Chou en Lai y a tres personajes menores.

A este papel le siguió el de Mahatma Gandhi en La Indiada, de Helene Cixous, que le valió la portada de las más prestigiosas revistas de teatro de Francia e Inglaterra. Junto a Théatre du Soleil actuó en Hollywood y realizó cine en Francia.


El regreso
En 1988 y tras permanecer seis años en Francia, Andrés vino a Chile sólo por un mes a hacer un taller, sin embargo, se quedó. El actor nacional Willy Semler le mostró las décimas de Roberto Parra; entonces, Andrés sintió que ahí había algo grande y aceptó trabajar en el texto de la obra junto al destacado autor, dando origen a La Negra Ester.

Posteriormente, creó la compañía "Gran Circo Teatro", donde puso en práctica mucho de lo aprendido en el Théatre du Soleil, de Francia. Fue así como La Negra Ester, cuya propuesta teatral tendría como eje central el rescate de las tradiciones, se transformó en el primer montaje de éxito masivo del teatro chileno.



Tras el éxito de La Negra Ester, Andrés vivió seis meses en Chile y seis meses en Francia, firmó contratos en Alemania, Estados Unidos y Cuba a donde fue invitado a dirigir diversas obras. En 1997 dirigió una nueva versión de Julio César junto a la Bremen Shakespeare Company de Alemania. Y ese mismo año trabajó como asesor creativo del programa "Revólver" de Televisión Nacional.

También, incursionó en la ópera y se hizo cargo de la dirección escénica de tres obras de Rossini El señor Bruschino en 1996, Escala de seda, en 1997 y El contrato de matrimonio en 1998.

Junto a la compañía Gran Circo Teatro siguió presentado obras en las calles y explorando nuevas facetas con piezas teatrales como Popol Vuh, Tomás y Madame de Sade en 1998, Nemesio pelao, qué es lo que te ha pasao en 1999, Voces en el Barro y Visitando a El Principito en el 2000 y La Huida en el 2001, entre otras.

Andrés nos dejó el 03 de enero de 2002, siendo acompañado por el pueblo de Chile, quienes en multitud le dieron el último aplauso a quién había dejado su vida en las tablas.

En el año 2006 el Senado de Chile declaró el 11 de mayo como el "Día Nacional del Teatro", en honor a la destacada carrera de Pérez.


Su legado
El nombre de Andrés Pérez está íntimamente ligado al teatro callejero, a La Negra Ester, al Circo Teatro, a la vanguardia, los trajes y la música. Desde los inicios de los '80 comenzó con presentaciones en el Paseo Ahumada, montando pequeñas piezas teatrales.

Las obras no duraban más de 15 minutos y ese tiempo cronometrado era el lapso exacto que se demoraban en llegar los policías y desarmar el montaje. Más de alguna vez, carabineros se los llevó presos.

Para este director, bailarín, actor, dramaturgo y coreógrafo, el teatro callejero era una "escuela inagotable", era magia y un acto sagrado, por eso fundó a principios de los '80 el Teatro Urbano Contemporáneo (Teuco) dedicado a la investigación y práctica del teatro callejero.

En esas cortas, pero intensas actuaciones descubrió que es necesaria la percusión, los zancos y trabajar con imágenes. Pero lo más importante, era mirar a los ojos al público para que no se fuera.

De esta época son los montajes Oye, oiga y tú; Las del otro lado del río; Las tentaciones de Pedro; Un circo diferente y La madre mirando al mar desde su ventana en Tocopilla, todas piezas de su creación.

Su talento en el teatro callejero lo desplegó en importantes compañías teatrales como El Angel y Comediantes. Este trabajo sería el inicio de una etapa renovado.


Compañía Gran Circo Teatro
El 11 de octubre de 1988 inició sus actividades la Compañía Gran Circo Teatro, uno de los grandes hitos en la historia del teatro chileno. Fundada y dirigida por Andrés Pérez, desde sus inicios, esta compañía desarrolló un trabajo de investigación escénica basado en la integridad del gesto y la palabra.

El Gran Circo Teatro rompió esquemas, fue diferente, incorporó y recicló recursos del Teatro du Soleil, el teatro oriental Khatakali, kabuki y técnicas de la comedia del arte.

La incorporación de elementos circenses en sus obras también estuvo marcada por la pobreza en que vivió. "Cuando vienes saliendo de la hospedería o de un hoyo en el metro, aterido de frío, creas un teatro lleno de color, de vida, de alegría, con zancos, con globos, con máscaras, con fanfarria, con música. Porque quieres combatir el gris de tu vida, moverte, buscar calor"... Aprendí que la pobreza material es un pozo enorme de riqueza mental", confesó Andrés.



Entre sus montajes más importantes destacan: La negra Ester (1989, texto de Roberto Parra); Época 70: Allende, creación colectiva (1990); Noche de reyes y Ricardo II, de Shakespeare (1992); La Consagración de la pobreza (1995, de Alfonso Alcalde), considerada como uno de los mejores montajes de 1995, según el Círculo de Críticos de Arte de Santiago; El Desquite (1996); Popol Vuh, Tomás, Madame de Sade (1998), Nemesio pelao, qué es lo que te ha pasao (1999), Voces en el Barro, La Orestíada y Visitando a El Principito, todas producidas el 2000.


Cambio de elenco
En 1994 Andrés se alejó por un año del Gran Circo Teatro para viajar a Europa, donde fue en busca de nuevas motivaciones tanto personales como profesionales. Entonces, Rosa Ramírez quedó a la cabeza de la compañía, pero ésta se disolvió ese mismo año. Cada uno de sus miembros tomó rumbos distintos.

Sin embargo, al tiempo después que Pérez volvió a Chile la compañía continuó, en un principio sólo en "teoría" y con un único integrante: él mismo. Pero luego, se retomó el trabajo teatral con el montaje de nuevas obras y con nuevos actores.

Aquello duró sólo hasta el 2001 ya que por problemas con las autoridades de la municipalidad de Santiago, el Gran Circo Teatro tuvo que abandonar las dependencias de la Bodega de Matucana 100 -donde funcionaba- y en agosto de ese año la compañía se separó indefinidamente.

De los orígenes del Gran Circo Teatro salieron destacadas figuras de las tablas como Willy Semler, Rosa Ramírez, María Izquierdo, Boris Quercia, Aldo Parodi y Ximena Rivas. De los últimos elencos también surgieron talentos como Fernando Gómez-Rovira, Ramón Llao y Gala Fernández.


"La Negra Ester"
"La Negra Ester", se estrenó el 8 de diciembre de 1988 en Puente Alto y fue la primera obra del Gran Circo Teatro. Empleando un vestuario llamativo, un reluciente maquillaje, música en vivo y un exigente trabajo corporal, esta obra cuenta la historia de un prostíbulo en San Antonio y la experiencia personal de Roberto Parra, narrada en décimas y en primera persona.
La obra se transformó en el primer montaje de éxito masivo del teatro chileno. Recorrió varios países de América Latina, Estados Unidos y Europa, en todos con éxito de taquilla.

El propio Andrés Pérez confesó en esa oportunidad que "La Negra Ester nos cambió la vida. Es lo que uno siempre espera para cada proyecto, y en éste se realizó. Se dieron todas las conjunciones astrales, porque hace como 400 años que no se alineaban los planetas y ese diciembre de 1988 sí lo hicieron".

Para Andrés, el trabajo resultó porque fue hecho sin egoísmos, sin expectativas, de una manera alegre: "Ese mes y diez días que ensayamos nunca los he podido repetir. Todos aprendíamos de todos, íbamos a comer al 777. Todo ese desprendimiento que hubo ha sido para mí irrepetible, porque la flor brota en el desierto cada cien años". En pocas palabras, añade, fue un fenómeno "que no hemos vuelto a repetir, porque éxitos hemos tenido, pero no ese fenómeno".

La Negra Ester es considerado como uno de los espectáculos más significativos del teatro chileno de los últimos tiempos. Cambió la percepción del espectador, eliminó la distancia existente entre lo que sucede sobre las tablas y el público. Fue el primero que utilizó carpas de circo, la calle, galpones y canchas de fútbol para realizar sus presentaciones.



Obras
Desde que montó La Negra Ester, una larga lista de piezas teatrales dirigidas por Andrés Pérez acapararon la atención del público. Su estilo inconfundible, contestatario y festivo le valieron el reconocimiento de la crítica nacional y extranjera. Y es que para Andrés, el teatro debía ser popular, integrador y capaz de generar una reflexión.

Este director enlazó el teatro con el tema social. Para él, esta forma de arte comenzó a denunciar la dictadura antes que la misma prensa: "Durante la dictadura, la prensa estaba muy silenciada y entonces el teatro era una actividad subversiva, un lugar para el debate de ideas, un espacio donde se podía hablar y discutir" ("Pagina 12"/ 12/09/99)

A continuación destacamos algunas de las obras más significativas dirigidas por Andrés Pérez:


La consagración de la pobreza (1995)
El propio título describe cómo Pérez y su compañía llevaron a cabo este proyecto. "Es un queridísimo trabajo", apuntó el director en su oportunidad. En 1992 fue su propio autor, Alfonso Alcalde, quien le pasó la obra centrada en dos payasos que van sobreviviendo al pragmatismo del mundo, a fueza de golpes de ingenio de los cuales se honra todo buen maestro chasquilla.
"Desafortunadamente la búsqueda de dinero se demoró tanto que Alcalde no pudo verla en escena (se suicidó antes)", agrega. El financiamiento fue toda una odisea: "hicimos una olla común y estuvimos así trabajando casi ocho meses. Los mobiliarios fueron asientos de buses dados de baja, tarros de pinturas encontrados en basurales. Fue trabajar en la pobreza misma. Pero descubrí que hay un gran misterio detrás de la pobreza. Por algo los grandes santos han hecho voto de pobreza".


El Desquite (1996)
Fue el segundo encuentro de Pérez con Roberto Parra. Pero, a diferencia de La Negra Ester, éste ya era un trabajo dramatúrgico en que sólo tuvo que hacer ajustes, trasladarla a "un terreno en el cual la muerte y la vida se confundían, con personajes que, al morir, permanecían en las casas y lugares donde habían vivido".

Fue un añadido "que a don Roberto le gustó mucho y, como siempre, me repitió cómo era que yo descubría en su escritura cosas que él había querido plasmar y no siempre había logrado" comentó Andrés. El montaje -de 1996- fue el primero que hizo con la compañía El Sombrero Verde.


Popol Vuh (1998)
El montaje de esta obra, que recrea el origen de los pueblos de América, logró magia, incorporó también mitología, danza y música. La historia gira en torno a la cosmovisión maya del mundo, sobre el auge y decadencia de estas tribus. Huracán es el rey de los cielos, Pepeu, el creador; Gucumaz, el moldeador, Ixmucane, la madre de la luz. Los 18 miembros del elenco realizaron una vertiginosa puesta en escena apoyados por bailes en zancos y cambios de vestuario.

Fue un éxito más que recorrió países como Estados Unidos e Inglaterra, pero también fue una puesta controvertida. Estuvo censurada en la Universidad Católica porque el espectáculo "no adhería a los principios cristianos".

Según Andrés Pérez "era una obra sobre esos libros que son secretos, no muy dados a conocer; era una visión de la creación del mundo, de algo que en otra época se consideró hereje, diabólico. Entonces, ponerla en escena, plantear a una sociedad que hay otra manera de concebir el mundo, otras formas de vida que son válidas, motivó la polémica". En esta pieza se utilizó una forma de hacer teatro "donde los músicos cantan y cuentan las historias, los actores miman, actúan, bailan, representan el problema de cómo hablan los dioses".


"Madame de Sade" (1998)
En su versión de Madame de Sade, en la que sólo actuaban hombres, Andrés Pérez realizó una dura crítica a la cultura de las apariencias que, a su juicio, se estaba imponiendo en nuestra sociedad. La obra de Yukio Mishima, trataba de las mujeres vinculadas al Marqués de Sade.

Al referirse a este trabajo, Andrés afirmó que "cada obra ha sido un momento de investigación teatral y, en este caso, fue ver cómo trabajan en el teatro japonés Noh, donde los hombres se acercan a las mujeres no por imitación, sino por estilización. Más que tender a las formas exteriores se trata de buscar cómo es la llama que aviva ese cuerpo de mujer. Y eso fue realizado desde el punto de vista de Mishima y del Marqués de Sade... Era una obra de experimentación, de laboratorio, que hizo su camino y con la que estuvimos en Argentina, Colombia y Bolivia, países donde además se elogiaron mucho las pelucas".


Tomás (1998)
La obra se basó en el libro "Cartas para Tomás" que la actriz nacional Malucha Pinto escribió para su hijo con parálisis cerebral: una madre le cuenta al niño lo que pasa en el mundo que lo rodea y registra los conflictos que esta situación provoca en los adultos.

Esta pieza fue la primera experiencia de trabajo con una autora. "Ha sido una de las obras más difíciles que he dirigido. Una de las labores del director es estar en el mundo que propone el autor, tratar de no traicionarlo. En este caso tratar de meterme en la mente y en el corazón de una mujer fue difícil al comienzo. Sólo con ocho meses de trabajo de laboratorio con la Malucha (Pinto) fui comprendiendo su mundo para luego traducirlo arriba de un escenario... Fue un trabajo duro, duro, duro", señaló el director..


"Nemesio pelao, ¿qué es lo que te ha pasao?" (1999)
La memoria, la paternidad y la otrora oposición campo-ciudad son los grandes temas que recorren esta obra, escrita por el joven actor Cristián Soto. Nemesio pelao, ¿qué es lo que te ha pasao? sigue una clásica línea costumbrista, popular y marginal, al igual que La Negra Ester, La Consagración de la pobreza y Popul Vuh. Se ambienta en una localidad rural (Talca), tiene personajes pintorescos, algo de magia y mucho romance.

Su primer acercamiento con esta obra, Andrés Pérez la describió de la siguiente forma: "La conocí el '96 cuando estaba dirigiendo La Pérgola de las Flores y Cristián Soto -el autor de Nemesio- era uno de los bailarines del coro. La leí, me enamoré de ella y de inmediato sentí que era una obra del Gran Circo Teatro... Es un aporte a la dramaturgia y la forma en que Cristián trata a sus personajes es tan amorosa".


Visitando a El Principito (2000)
Basada en la conocida obra de Antoine de Saint-Exupery, el Gran Circo Teatro recreó la historia de un niño que en su viaje conoce, a través de diversos personajes, la naturaleza humana en sus diferentes aspectos.

En ese sentido es la conocida y clásica historia de Saint-Exupéry. Pero poco a poco el espectador se da cuenta que, sin perder su universalidad, el relato deja de ser una mirada europea para encarnarse en el mundo latinoamericano y chileno, gracias al mimbre de la estructura del avión y de los globos que representan los planetas visitados por El Principito.

A esto se agregó la decisión del director de no presentar al típico principito rubio de apariencia nórdica, sajona o aria sino con los colores raciales de los actores chilenos, junto con decidir que lo interpretaran cuatro actores del elenco.

Andrés Pérez se refierió de la siguiente manera sobre esta obra: "Fue un sueño volver a hacer El Principito que habíamos montado el '81 con el Teatro Urbano Contemporáneo, que se dedicaba a la investigación y práctica del teatro callejero... Es maravilloso retomar la calle, comprobar que el público sigue ávido de los espectáculos callejeros y reafirmar la convicción de que hay pocos espectáculos que se ofrecen a esta ciudad". El público la ha aceptado y ha sido, agrega, "muy generoso cuando pasamos el sombrero".


La Huida (2001)
Escrita por Andrés Pérez en 1974, La Huida trata de la persecución que fue víctima la comunidad homosexual durante la década del 30 durante el régimen del General Carlos Ibáñez del Campo. Según una versión no oficial, un grupo de ellos fue lanzado en alta mar en ese período.

Este trabajo es el viaje más intenso de Andrés Pérez hacia su propia interioridad, donde por primera vez el director del Gran Circo Teatro plantea y defiende en forma pública y artística su condición homosexual. A partir de allí también subrayó el deseo de libertad como valor consustancial y el repudio a toda forma de dictadura.

La trama, que se ambienta en 1929, mostró la destrucción que provoca el odio y el patriotismo irracional de los perseguidores homofóbicos.

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Creada en enero de 2002 - Última actualización 22 de Agosto de 2010, Santiago, Chile

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